A medida que ella se acercaba a dónde había quedado, aquel nudo que tenía en el estómago subía hasta su garganta. Cuando le vio, el mundo se paró.
Ella le fue a dar dos besos aunque le fuese difícil porque como se dice "Qué difícil es saludar alguien en la mejilla cuando le has besado en los labios", pero él los interrumpió con un abrazo. Era lo que más necesitaban los dos en ese momento.
Se sentaron en el banco de la última vez, podía recordar el dolor que sintió. Quería empezar a decirle todo pero no, todas las palabras que llevaba pensando durante días se esfumaron, aparte de aquel maldito nudo de su garganta.
Tras un rato, él la miró y dijo:
-Sé lo que me vas a decir, y sí, pienso que es mejor...
¿Cómo podía saber lo que ella pensaba hasta en esos momentos?
- Dejarlo... - susurró ella con un hilo de voz.
Se quedaron los dos en silencio, ella no podía mirarle a los ojos así que observaba la gente que pasaba. Él sin embargo buscaba su mirada.
La conversación continuó dando las razones de por qué todo, en sólo en unos días, se acababa.
Se levantaron y dieron una vuelta. Hablaban de cualquier cosa, como cuando empezó todo. Lo peor fue la despedida...
-Entonces... ¿Se acabó? -La chica seguía sin creérselo
-Se acabó. - Nunca pensó que se podía oír esa frase con tal ternura.
-Necesito abrazarte, pero eso supondría echarme a llorar.
Él la acercó y la llevó hacia su pecho, luego la abrazó con todas sus ganas. Exhaló y pudo percibir el olor de su pelo, aquel que dentro de poco añoraría.
Cuando se separaron se miraron a los ojos, los dos los tenían llenos de lágrimas.
-Bueno.. me tengo que ir yendo ya...
-Te voy a echar de menos... - Dijo él con una sonrisa
-Yo también te voy a echar mucho de menos...
Se separaron y tomaron caminos opuestos, pero olvidaron que el mundo era redondo. Quedando así un "hasta pronto" en lugar de un "adiós".
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