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domingo, 10 de enero de 2016

Daisuki


El primer día que le vi, no pasó desapercibido para mí. A cualquiera le hubiese parecido un chico muy normal pero para mí llevaba una camiseta de mi cómic favorito, y pronto descubriría que también era el suyo.
Ese mismo día me reveló cosas que no le había contado antes a nadie. No podía dejar de mirar sus profundos ojos, que expresaban mucho más que todas las palabras que me decía, mientras que yo le mandaba miradas tranquilizadoras. Era pura complicidad.
La verdad no sé cómo explicarlo, nunca había sentido algo así tan fuerte. Y por si os lo preguntáis: no, eso no era amor, era algo aún más intenso.
Yo no creía en almas gemelas hasta que hablé con él, hasta que sentí esa tranquilidad con él. Porque que no os engañen, tu alma gemela no es aquella que te agita y da una una vuelta de 180º a tu vida sino aquella que te transmite la paz y sosiego de que todo va bien, que pase lo que pase a su lado vas a estar segura. Como cuando de pequeña miraba la tormenta desde la ventana de casa.
Él me hacia querer ser mejor persona. Hablásemos de lo que hablásemos nuestras ideas concordaban. Teníamos numerosas cosas en común, yo me refería él como "mi yo en chico".
Bromeábamos diciendo que en otra vida nos conocimos, nos enamoramos y vivimos jodidamente felices juntos. Me decía que en esa vida me curaba el mal despertar a besos. Que ser tan iguales no era coincidencia, había sido el destino quién nos había juntado.
¿Habéis oído hablar alguna vez del hilo rojo del destino?


 «Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper».


Os aseguro que él estaba en la otra punta del mío.



Y os preguntaréis ¿Qué pasó?
Que a pesar de todo... había otra persona, que no se puede querer a alguien que sólo has visto una vez en tu vida aunque hables día y noche con ella y la razón que más me imponía a mí misma: 
l a   p u t a  d i s t a n c i a 


Aunque él resumía todo eso diciendo: "Tienes miedo al amor"



Y no sabéis cuanto me acojonaba...
Tanto, que me sigo preguntando
  ¿Y si le hubiese elegido a él?