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viernes, 10 de febrero de 2017

Él se quedó mirándola desde la puerta de la habitación. Miraba su cuerpo desnudo descansando encima de la cama. Fue entonces cuando comenzó a preguntarse cuando tiempo compartirían esas sábanas, cuanto tiempo se quedaría su olor impregnado en ellas. Tenía un miedo incontrolable a poder perderla. A qué un día, sin saber por qué, se marchase dejándole solo con su dulce fragancia entre la sábanas.



Ella cerró los ojos para poder descansar. Pero había algo que se colaba en su cabeza: Él nunca le prometió un siempre, y aunque cada día demostraba todo lo que la quería, eso le ardía por dentro. Sabía que una vez una chica se lo prometió y que cuando no se cumple, duele, mucho, pero eso no quiere decir que no te vayan a querer como no lo han hecho antes. Más y mejor.

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