Sólo me vienen recuerdos cada vez que te miro, todo era tan distinto antes. No me arrepiento de nada de lo que nos pasó, cada uno sigue su vida, pero no lo puedo evitar. Me acaricias de esa forma que antes me hacía temblar, todavía veo esa mirada con la que mirabas. Nos cogemos de la mano y nos vamos a un sitio dónde podamos desaparecer por unos instantes y definitivamente dejas claro que sigues siendo la persona de hace unos años. Sostienes mi mano fuertemente, de aquella manera que hacía que me sintiese segura, haciéndome saber que nunca la soltarías por nada del mundo.
Llega la hora de la despedida, lo único que necesitaba, lo único que quería, era uno de esos abrazos. Esos que me hacen olvidar todo, en los que me abrazas tan intensamente que cierro los ojos y puedo tocar esos recuerdos con la punta de mis dedos. Aquellos abrazos que como no nos separen, nos quedamos horas y horas olvidando el mundo.

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