Aquella noche no iba a ser la típica noche, para cada uno de los que estaba allí, iba a ser una noche
inolvidable, sobretodo para aquel chico. Estaba rodeado de millones de chicas increíbles, guapas, con taconazos... Pero de repente apareció ella, aquella chica compañera de instituto de la que conocía de clase y sólo sabía que se sentaba delante. Aunque esa noche no lo parecía, ella era la típica chica pequeña, delgada, con el pelo alborotado y rizado, que escondía sus ojos marrones oscuros detrás de unas gafas pero ahora se podían ver sus ojos destacando con un brillo
rosa en sus parpados, a juego con ese minivestido ajustado que hacía resaltar sus bonitas curvas, el pelo lo llevaba liso al viento dejando ver aquella cosa que no podía pasar desapercibida... Esa
enorme sonrisa.
Aquella noche no se puede describir, baile, alcohol, miradas cómplices, más baile y puede que algún beso.
El lunes siguiente, parecía como si la mágica noche no hubiese pasado, la miró y sólo pudo percibir un pequeño destello rosa entre sus pestañas, por lo demás era la misma de siempre. Por esto, al chico le entró curiosidad de qué se escondía detrás de ella, por eso se animó a conocerla, por eso... Se enamoró.
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